lunes, 4 de marzo de 2013

Salmos 61
Oye, oh Dios, mi clamor; A mi oración atiende.
Desde el cabo de la tierra clamaré a ti, cuando mi corazón desmayare. Llévame a la roca que es más alta que yo, Porque tú has sido mi refugio, Y torre fuerte delante del enemigo.

Yo habitaré en tu tabernáculo para siempre; Estaré seguro bajo la cubierta de tus alas. Porque tú, oh Dios, has oído mis votos;
Me has dado la heredad de los que temen tu nombre.
6 Días sobre días añadirás al rey; Sus años serán como generación y generación. Estará para siempre delante de Dios;
Prepara misericordia y verdad para que lo conserven.

Así cantaré tu nombre para siempre, Pagando mis votos cada día.

viernes, 24 de febrero de 2012

miércoles, 22 de febrero de 2012






















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martes, 21 de febrero de 2012

No temeré mal alguno

 Una madrugada mientras mi pequeña hija Clarimar estaba acostada en la camilla de un hospital en la sala de emergencias, recordé el salmo 23: 4 que dice: “Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo; Tu vara y tu cayado me infundirán aliento“… Al igual que él escritor de aquellas palabras, cuando estamos pasando por duras pruebas buscamos la dirección de Dios esperando encontrar oportuno auxilio y refugio. Amados, cuando nos enfrentamos a las tribulaciones de la vida, podemos vencer nuestros temores al recordar que Dios ha prometido ir con nosotros por donde quiera que vallemos.

La palabra de Dios sin lugar a dudas, alivia la carga y disipa nuestros temores consolando aun el alma más abatida. Aquella madrugada durante la larga espera en el hospital hallé consuelo en aquel sencillo versículo. Ni siquiera recordé orar por sanidad, aunque de eso el Señor se encargó. Solo pedía que me acompañara en aquella difícil hora, que me acompañara e infundiera aliento por el resto de mis días.

 Por Serafín Alarcón